viernes, 4 de diciembre de 2009

DÍA GRIS


DÍA GRIS

Este día amaneció cantando

con aroma de mujeres pasajeras

llegar hasta el lugar donde estabas

y al dirigirte la palabra inicial

al instante de desvaneces

cual pompa de jabón.


Este día atardece leyendo

con los ojos fijos en las letras

que dejan tus pasos inestables

lectura de tus ojos, de tu piel

primera palabra entonces

y resulto que no te conocía.


Este día anochece en movimiento

ya no quería saber de ti

mis intenciones siempre naufragaron

sentado y viendo moverse todo

sorbiendo el último pisco sour

y sin más que decirte,

este día que termina da paso a otro que ya inicia.

lunes, 3 de agosto de 2009

Homenaje a ella...

Ya cae la tarde y lentamente hace su presencia la noche, paso a paso, delicada y seductoramente, oscurece el firmamento, de repente llega el momento de salir, enrumbar hacia el lugar del saber, donde en verdad nos dan diez por ciento de saber, porque el resto es ya nuestra responsabilidad, llegado al lugar mencionado, a recoger algunos papeles, tramite aún no terminado, inició la aventura de ir de un lugar a otro, para por fin dar solución al papeleo, para por fin con toda tranquilidad dar inicio a oír lo tan esperado, que entre ensueños y entusiasmos será recibido, por fin en el lugar de los hechos, pasando distraído, como no es mi costumbre, siempre lo hago así, una voz dice mi nombre, recordada imagen la suya, un saludo no muy afectuoso, una sonrisa, en fin, el apuro me lleva de aquí para haya, cierto, subir al quinto piso es la meta de ese instante, llegado al segundo piso, un gran tipo se hizo presente, sonrisa traviesa, mirada tierna, no subiría solo, estaría muy bien acompañado, preguntas que le haces a alguien que te importa, cómo haz estado, qué tal, que agradable es encontrarte, que desastre, que poco orden, bueno esperamos hacer lo mejor que podamos, llegados al quinto piso, con un poco de agitación, algunas gotas de sudor en la frente, hice mi ingreso triunfal, al acercarme a la bella señorita, entre agitaciones y una sonrisa suya, me dijo, aquí es, pero siéntate, toma un poco de aire, espera unos segundos y por fin solucionó mi problema, bajamos y por un libro llegamos al lugar más importante, hipnotizado observaba el lugar, cuando una mano me quito de mi trance, querida, muy querida tú, sonrisa, besos y abrazos, cuanta alegría, cuanto buen afecto, que bien se siete encontrarte, bromas, carita seria, unas preguntas más y la promesa de algún día volvernos a encontrar.

Ya caída la tarde, viento frío, luces amarillas y una imponente luna llena ponían todo un marco espectacular a la mágica noche, tan preciosa, tan misteriosa, impactado por lo recientemente leído, un libro que de a pocos me esta abriendo el horizonte, preguntas mil, qué sé esto, aquello y como sería si fuera así y no de este manera, encuentros muy entrañables con buenos amigos y amigas, cambios inesperados, yo pensando en ella, ella pensando en él, yo pensando en aquella y aquella pensando en él y mientras tanto hay una que piensa en mí, pero yo no pienso en ella, como somos en ocasiones tan miopes para ver lo que esta frente a nuestras narices, una voz llama, una mirada tierna se acerca, sus labios me sonríen, le pone estrellas a este firmamento sin estrellas, sus brazos se abren y con un cariño tal que no puedo describir, se estrecha tiernamente y saluda, del lado opuesto otra sonrisa más ilumina la noche, sus ojos miran mis ojos, abre los brazos y tiernamente me estrecha, las bromas que hace un tiempo no escuchaba, sus sonrisas, combinan perfectamente con la imponente señora de blanco, seguimos el asenso, una, dos, tres y unos escalones más, por fin llegamos a nuestro destino, ingreso y una voz cortante, me recibe con ajos y cebollas, exigiendo cariño, contradictoriamente a lo dicho inicialmente, una mirada bonita me mira, sonríe, tiene toda mi atención y cuando ya pasaba a sentarme, me di con la ingrata sorpresa que no la había saludado, tres pasos atrás y hacia una pirueta, estiro mi cintura y la saludo, ella sonríe y con afecto recibe mi saludo. Comenzó a hablar un hombre grande, es entretenido su dialogo, pero junto a mi compañera, de por medio bromas infaltables, es aún más agradable ese momento, ella comenta estar preocupada, que hay algo, que ya vio, que no sabe; yo contesto lo primero que tienes que hacer es relajarte, sonríe y ánimo, las dos últimas palabras aún están pendientes, pero no se las diré, si no trataremos de que así sea entre todos. Sonó el timbre, salimos a tomar aire, yo despidiéndome, en la puerta un breve diálogo, tratando de describir cambios y recordando travesuras de hace dos semanas.


Entonces llegó el momento de partir, la señora de blanco no me dejo, deje a todos atrás, ella junto a mí iba, caminante camino a tomar el transporte iba, un breve paseo de unos minutos, y llegado al tramo más largo, esperé hasta que llegara mi carruaje reluciente, finalmente hizo su aparición, subido a este y después de un tiempo sin pasar por este trance, apretujado continuábamos la marcha, esta vez nos toco una señorita que con voz ronca y chillona, no muy agradable, anunciaba los lugares, a su voz, bajaban y subían muchos rostros desconocidos, unos más cansados que otros, de estar adelante, puesto a puesto llegue hasta atrás, con la no muy feliz coincidencia, de que cada vez que pasaba un asiento atrás, la persona de delante se levantaba para bajar y a que estaba a su constado inmediato se sentaba, dejándome sin lugar, así fue gran parte de la ruta, yo retrocedía y otros se sentaban… hasta que de adelante, un movimiento de mano me llama, la voz ronca y chillante, se había transformado en una modulada y dulce voz, que al instante me dijo, siéntese joven, usted que desde Javier Prado no se a sentado; al instante yo quede impactado, so sonreí y con un tímido gracias, tome asiento. Ahí mismo me preguntaba, que preguntarle, iniciar un dialogo o es que acaso esa voz solo fue una ilusión, como comprobarlo. Mientras cavilaba, un celar sonó, era el de esta voz tan deslumbrante, que al sonido decía, “amor ahora estoy trabajando, pero en cuanto llegué yo te llamo, nos encontramos donde siempre… un beso”, nuevamente el impacto de su voz me conmovió, era dulce, armoniosa, tibia, tierna, tan de todos, que tal vez a muchos nos gustaría quedarnos dormidos, al compás de esas voces tan queridas, por eso es que este es un homenaje a ella, a esa mujer desconocida, ruda al primer impacto, pero más tierna que la ternura al impacto de su voz de mujer enamorada.

viernes, 3 de julio de 2009

EUFEMIA


Eufemia era su segundo nombre, pasos rutinarios de una día a día, de los cuales ella casi siempre pasaba desapercibida, hacia esto, levantaba aquello y así como llegaba sin anunciar igual se desvanecía, uniforme impecable, mirada siempre al suelo, respondía a las preguntas con un par de monosílabos, lo demás no importaba, algunas veces fruncía el seño, pero al verse sorprendida, agachaba la cabeza, como rutinariamente lo hacia, hoy la sorprendí diferente, extraña y con algunas gotitas de agua en la mejilla, vire la mirada buscando al canalla que ocasiono tal respuesta, no encontré a nadie. Consternado me acerque a ella, mi poco experiencia en desenmarañar afectos femeninos me imposibilitaba intuir el motivo de su aflicción, que diría, como iniciaría y si violo su intimidad con mi desaliñada cercanía, que pasará, que responderá, di unos pasos para atrás, pensado en iniciar la retirada, apunto estaba, cuando ella inició con un interrogatorio inesperado, sin palabras me quede, pues su primera pregunta fue: por qué es así la vida, tan asfixiante, tan maltratadora, por momentos te acaricia, te hace creer que todo estará mejor, que ya pasará, pero a la par te proporciona armas sangrantes y hasta bombas incendiarias con las cuales no sólo tu podrías morir, si no muchos contigo, dígame usted por qué.


De inmediato iba a iniciar toda una argumentación, sobre las cosas positivas, sobre el significado valioso de nuestra, de su existencia, llevándola a preguntarse que pasaría si ella se desvanecería, a cuantas personas consternaría con ese fin, que acaso no ha visto a los recién nacidos, que la vida te proporciona muchas cosas, si supiéramos vivir en paz y no dejarnos arrastrar por las imágenes baratas de felicidad, en realidad seriamos muy felices. Pero en ese mismo instante ella continuó con su argumentación, pero esta vez añadió un elemento más contundente a la escena, me dijo: Mire, ya estoy cansada, siempre es lo mismo, una intenta, quiere cambiar, pero es lo mismo, por eso ahorre un poco de dinero, compre un arma e hice un pequeño plan, que tenía como conclusión este día, pero usted a de creer que estoy loca, no, para nada, estoy más cuerda que muchos de ustedes, ese en realidad es mi mayor problema, aquí siempre ando con la cabeza gacha, no hablo mucho y eso les hace pensar que no entiendo nada, pero créame, veo con mayor claridad las cosas, todos están metidos en un callejón sin salida, jugando a los niños y niñas felices, jugando a la frivolidad, construyen muros imaginarios muy seguros según todos, se aíslan del resto y eso es suficiente para ser ¿felices?


Pero hoy, si justamente hoy, e decidido probar algo distinto, quiero dejar de sentir, de podrirme en vida, hoy pondré fin a todos mis males y a los males del mundo entero, ya descubrí la fórmula, está en mi poder y usted, créame cuando le digo que no lo había elegido, solo que aparecía y fue como si el destino lo hubiera enviado, así que no se preocupe, tranquilícese, que en unos cuantos instantes usted también dejará de sufrir, le aseguro que me lo agradecerá toda su vida, ahora sígame y le mostraré mi formula, para luego probarla en usted. Impresionado por todo el discurso, sobre todo por el arma que Eufemia llevaba la seguí ,bajamos por un sótano, nunca había visto ese lugar, no imagine jamás que ese lugar tuviera un sótano, al descenso, la oscuridad se hacía más oscura, apunto de huir aprovechando el momento, se encendieron las luces, observe un enorme entramado de letreros, de recortes de periódicos viejos, amarillentos, me acerque a la baranda, para ver que había abajo, de inmediato observe un abismo sin fondo, quedé impactado, ahora era el temor por ese sin fin, inicie a correr hacia arriba, entonces resulto que el lugar por el que había ingresado se hacía más lejano, continué corriendo y la puerta de considerable tamaño, se redujo a un punto oscuro a la distancia, Eufemia gritaba hacia arriba, corra hacia arriba, mientras sonreía alegremente, su mirada había cambiado, su voz era más agradable, más tierna, dulce y armoniosa, el arma que lleva se había convertido en una hermosa rosa roja, que ella enarbolaba con mucha alegría, desconcertado, me detuve, ella seguía gritando hacia arriba, hacia arriba. Que significaba ese cambio tan sorprendente en su apariencia, ese lugar tan extraño, hacia donde voy, subo o bajo, llego o me voy, desconcierto total, donde estaba, quien era yo en ese instante y quien era esa tal Eufemia, tan querida en ese instante supremo de total desconcierto…

viernes, 12 de junio de 2009

ROJO CARAMELO


Hay pasado que ya haz pasado
pasado que aún me pesas, pesas más
pasado muy pesado, de niebla y temor
Dónde te encuentro, donde me he dejado
Presente que esta ausente de mi voluntad
Morir que ya no se puede más, por que vivir es el límite de mí ser
No presencia del ausente desenfrenado
Me quiebro en mil pedazos, despedazo de los pedazos
Sueños de cristal quebrados y astillados
Baúl de recuerdos olvidados amarillos desvencijados
Yo sin ti, tú sin mí y al diablo todo, todo y nada a la vez
Dame hoy un abrazo sin brazos
Y bésame sin tus labios rojos caramelo perfumados
Adiós, que fue divertido el aburrimiento de estar si mí,
para estar contigo y echarme lejos de ti
El agua del vaso se he evaporado, y yo con el me he desvanecido
Ah llegado la noche, oscura y tenebrosa
No veo nada
No se quien eres
No se quien soy
Pobre de ti desconsolado
Pobre de mí desconsuelo
Hay que me duele a miles estos dolores
Ven que no te espero
Sal que estas fuera
Llega que nunca te haz ido
Y déjame en paz que siempre estoy en guerra,
En fin, desperté y resultó que eras un sueño,
Un sueño muy vívido, que me deja el dulce agrio de tus besos,
las huellas de tus abrazos sin brazos
y tus salidas desde fuera, junto con tu paz guerrera
Adiós, que aquí ya no queda nada,
porque ya me fui y sin mí tu recuerdo se fue conmigo,
claroscuro y rojo caramelo

lunes, 8 de junio de 2009

DECLARACIONES.


Él inició la mañana, escribiendo la declaración inesperada, lo que hasta esos tiempos inertes no se había atrevido a comentarle a la bella desconocida, comenzó así su breve monólogo, siempre era así, pues el se había comprometido a asistir a ese café, a saludarla con sus silencios, a preguntarle como había estado, con su habitual mirada fugaz, a estrecharla entre si y el mundo con su imaginación florida, pero hoy, en esta mañana, en esta hora, decidido a declarar su amor a todo el mundo menos a ella por supuesto, inicio así su monólogo rutinario: Asumiendo que aquellos segundos, que para mi fueron una eternidad, tú te hayas dado cuenta que mis miradas no eran simples miradas y que mi voz no era una simple voz, llegas y ordenas un café no muy cargado, con un par de tostadas, siempre acompañada del libro de turno, llevas el abrigo compañero de la estación en que vivimos, de anteojos azules, cabello indescriptible, ojos claros, nariz de punta alta, labios azucarados por el café dulce no muy cargado, con sus cuatro cucharaditas de las dulces ilusiones que día tras día llevas encendiendo en mí, tez clara con algunos lunares que armonizaban el tierno deber de continuar declarándote mi emoción atribulada, claro está, desde mi esquina imperceptible con vista a la gran ciudad y sobre todo, con mirada directa hacia ti.


La rutina de todos los días, hacer esto y hacer aquello, que si no de que vivimos, todo pasa nada queda, pero esas tardes desde el primer instante en que te vi, 436 tardes en realidad, jamás fueron rutina, nunca fueron las mismas, ella, tú las hacias totalmente diferentes, cuatro y quince de la tarde, ese café se convertía en un universo distinto, el tiempo se congelaba y la rutina en mil pedazos se quebraba, era divertido que así sea, su aroma era un signo palpable de que ella era mía, solo mía, egoístamente mía, silenciosamente mía, aroma dulce que me llevaba a experimentar las ternuras más amplias que jamás pude identificar, ni puedo imaginar, en eso su cabello se parece mucho a eso momentos indecifrables, los brillos en sus labios son un arco iris al rojo vivo, aún así no es rojo absoluto, es rojo en una variedad no definida, pues todo depende de la postura de sus labios, de la taza de café que choque con estos, del lápiz que lleve a la boca, del instante que muerda su primera o su última tostada, de que diga hola o gracias y adiós, en segundos imagino el momento en que por fin acumule el valor suficiente para ir y contarle lo que a gritos, a mis peores conocidos e ido contando, me acercaría lentamente, contaría mis pasos, tomaría el sorbo a sorbo, disimularía el temblor de piernas y gesticularía mi mejor voz y todo eso para decirle…


Imaginación, siempre es imaginación y mientras luchaba con esa gran imaginación mía, ella se había desvanecido, su mesa vacía, con al taza de su último café, el platito con los restos de sus tostadas y el libro compañero habitual de entre sus mejores lecturas, esperen ¡el libro!, olvidó el libro, el libro, mejor dicho su libro, ¡olvido su libro!, oportunidad para ir detrás de ella, para por fin platicar con ella, no se iniciaríamos la charla con algo tonto, ella se sonrojaría por su desliz, yo la excusaría con una frase tranquilizadora, es que alguien tan bella debe de tener mucho que pensar, ella volvería a sonreír, entonces aprovecharía la ocasión para decirle que ya la había vislumbrado hace mucho tiempo en el café, ella diría, en sería, yo replicaría que sí, continuaríamos charlando, así pasaría el tiempo y con una poco de valor, le diría… Un momento, el libro, tengo que ir por él, no puedo perder esta ocasión, es ahora o nunca, la mesera se va acercando desde la otra esquina del café, otro mesero esta cinco mesas más cerca, no puede ser, apuro el paso, vamos que tengo que lograrlo, hay alguien detrás mió, otra persona que vio la oportunidad, no puede ser, un rival, pero cómo, no puede ser posible, no volteo pero se que busca lo mismo que yo, pero llevó la delantera y lo voy a conseguir, lo tengo que hacer, un par de pasos más, alargo los pasos, esquivo clientes, estiro más los pasos, el mesero ya esta cerca, grito, ¡mesero!, ¡mesero!, vira la mirada, viene hacia mí, experimento un alivio, pero mi contendor, aún esta tras mió, debo continuar, sobrepaso al mesero, este me clava una mirada extraña pero entre asombro y ternura, continua la alargada marcha, un paso más, cierro los ojos, estiro el brazo y abro las manos para tomar el tan ansiado libro, en ese mismo instante mi rival hace lo mismo y simultáneamente tomamos el libro, no puede ser, quien es, por qué ahora, tiene que haber una explicación, si fui más rápido que todo el mundo, no puede ser y a esa frustración violenta, puso fin una voz, un disculpa ,este libro es mió, abrí los ojos y era ella, era ella.

lunes, 1 de junio de 2009

SÁBADO

SÁBADO

Terriblemente desesperada,
con tu voz tranquila
tu sonrisa limpia
y tu pose de seguridad completa,
sin embargo algo me indicaba
que a gritos desesperados me pedías
que te librará de él, de tu cautivador aburrido.

Yo por mi parte, desinteresado de ti,
prestando atención a todos tus gestos,
con el corazón acelerado y las palabras entrecortadas,
deseando ser tu último héroe o según la temporalidad
del caso, el canalla más grande del mundo.

Pues no sabia, si en el instante en el que te estreche entre mis brazos
y te estaque un profundo beso, me iba a sentir correspondido o de una bofetada
arrojada de la irrealidad de mis percepciones.

Entonces se requería una respuesta, una acción
para aquel momento, ser valiente o cobarde,
ser héroe o canalla,
lanzarse o quedarse petrificado.

Eleve la mirada, tome aire, lleve uno de mis pies hacia atrás,
estire los brazos, me apoye en el pie, tome impulso
hacia delante, mi objetivo ya estaba fijado…

lunes, 18 de mayo de 2009

AMANECÍA…

Era ya tiempo de despertar, mis brazos estrechados a tu cuerpo, mis sentidos tan cerca de los tuyos y la conciencia de que este momento no se volverá a repetir, impedían que te deje de asir a mí. Sin embargo la rutina, las responsabilidades y tu “no es que quiera, si no que debemos…” rompían nuestro estadio tan tierno, tan impersonal, tan de ti y tan de mí. Sentir tu respiración, los latidos de tu corazón, tu cabello más mío que tuyo, transcurría el tiempo, entre mis pataletas de niño engreído y tus posturas de adulta consumada, siempre había un motivo para seguir, tal vez no por donde siempre, si no por donde algunas veces íbamos, continuaba la batalla, motivos de uno en uno iban desfilando, que pasó esto o aquello, que dijeron así o que debería ser así, al punto que tanta seriedad nos causaba risa, señor y señora, no eso suena muy extraño para ambos, aún teníamos mucho que descubrir y entre tanto descubro tus ojitos que con cierto alo de nostalgia, se preguntan y qué será mañana, que nos irá a esperar, cómo será y eso y aquello; así tus ojos, esos ojos míos, conmueven mis pataletas de niño travieso, hacen que me acerque a ti y con la mayor ternura posible, clavarte un abrazo, para a continuación susurrar a tu oído derecho, la respuesta esperada: “no lo sé…”. Entonces el silencio cundió la habitación, ese mismo silencio gritaba a mil por hora, que alguien diga algo o que calle para siempre e intermitentemente callábamos, mis brazos clavados en tu tronco, mi nariz cerca a tu oído, mi aliento olor frambuesa muy cerca de tu aliento sabor a uva, esas miradas tuyas y esas miradas mías, intermitencia continua, en eso y sin esperarlo resulta que hay una respuesta, una alternativa, una posibilidad a esa agonía que en silencio vivíamos, mientras transcurría ese amanecer, le había llegado la luz al final del túnel. Con la mayor dulzura que podría ejercer un amante sobre el ser amado, se alejó unos cuantos milímetros de ella, viro su postura y con una mirada firme y tierna le dijo: “No lo se, pero espero que juntos podamos averiguarlo y entonces sea como fuera mañana, tú y yo seremos lo que fuimos, lo que somos y lo que podremos ser, el mañana no imparta, importas tú e importo yo, abrázame y que la señora de blanco tenue nos acompañe a descubrir eso no, si no y mejor que ese mañana tan incógnito nos descubra en este amanecer tan tuyo pero más aún mío, si que el mañana nos descubra entonces…” Lentamente se acercó, milímetro a milímetro y cuando estaba tan cerca como para darle un beso, se detuvo al límite de ese precipicio tan deseado; entonces ella con la mirada fija, con el aliento sabor a uva, con sus mil dudas y con sus pataletas de adulta consumada, le besó con tanta ternura, con tanto afán, con tanta personalidad, que en ese instante trascurrió es tiempo tan temido, recibieron el mañana con un beso apasionado, el tan en ella y ella tan en él, que al percatarse de que ya había llegado el mañana, que ahora era hoy, no tenían problemas, ni fantasmas, ni temores, mas si amores y muchas ganas de seguir viviendo. Finalmente y para poner fin a ese temor ulterior del mañana que vendrá, hicieron un pacto, un compromiso, una vez y alternando los día el o ella iban a despertar al otro, anunciando el inicio del mañana y mientras amanecía, el con su aliento a frambuesa y ella con su sabor a uva, recibirían el amanecer con un beso apasionado, tan apasionado que marcarían toda una eternidad.