
Eufemia era su segundo nombre, pasos rutinarios de una día a día, de los cuales ella casi siempre pasaba desapercibida, hacia esto, levantaba aquello y así como llegaba sin anunciar igual se desvanecía, uniforme impecable, mirada siempre al suelo, respondía a las preguntas con un par de monosílabos, lo demás no importaba, algunas veces fruncía el seño, pero al verse sorprendida, agachaba la cabeza, como rutinariamente lo hacia, hoy la sorprendí diferente, extraña y con algunas gotitas de agua en la mejilla, vire la mirada buscando al canalla que ocasiono tal respuesta, no encontré a nadie. Consternado me acerque a ella, mi poco experiencia en desenmarañar afectos femeninos me imposibilitaba intuir el motivo de su aflicción, que diría, como iniciaría y si violo su intimidad con mi desaliñada cercanía, que pasará, que responderá, di unos pasos para atrás, pensado en iniciar la retirada, apunto estaba, cuando ella inició con un interrogatorio inesperado, sin palabras me quede, pues su primera pregunta fue: por qué es así la vida, tan asfixiante, tan maltratadora, por momentos te acaricia, te hace creer que todo estará mejor, que ya pasará, pero a la par te proporciona armas sangrantes y hasta bombas incendiarias con las cuales no sólo tu podrías morir, si no muchos contigo, dígame usted por qué.
De inmediato iba a iniciar toda una argumentación, sobre las cosas positivas, sobre el significado valioso de nuestra, de su existencia, llevándola a preguntarse que pasaría si ella se desvanecería, a cuantas personas consternaría con ese fin, que acaso no ha visto a los recién nacidos, que la vida te proporciona muchas cosas, si supiéramos vivir en paz y no dejarnos arrastrar por las imágenes baratas de felicidad, en realidad seriamos muy felices. Pero en ese mismo instante ella continuó con su argumentación, pero esta vez añadió un elemento más contundente a la escena, me dijo: Mire, ya estoy cansada, siempre es lo mismo, una intenta, quiere cambiar, pero es lo mismo, por eso ahorre un poco de dinero, compre un arma e hice un pequeño plan, que tenía como conclusión este día, pero usted a de creer que estoy loca, no, para nada, estoy más cuerda que muchos de ustedes, ese en realidad es mi mayor problema, aquí siempre ando con la cabeza gacha, no hablo mucho y eso les hace pensar que no entiendo nada, pero créame, veo con mayor claridad las cosas, todos están metidos en un callejón sin salida, jugando a los niños y niñas felices, jugando a la frivolidad, construyen muros imaginarios muy seguros según todos, se aíslan del resto y eso es suficiente para ser ¿felices?
Pero hoy, si justamente hoy, e decidido probar algo distinto, quiero dejar de sentir, de podrirme en vida, hoy pondré fin a todos mis males y a los males del mundo entero, ya descubrí la fórmula, está en mi poder y usted, créame cuando le digo que no lo había elegido, solo que aparecía y fue como si el destino lo hubiera enviado, así que no se preocupe, tranquilícese, que en unos cuantos instantes usted también dejará de sufrir, le aseguro que me lo agradecerá toda su vida, ahora sígame y le mostraré mi formula, para luego probarla en usted. Impresionado por todo el discurso, sobre todo por el arma que Eufemia llevaba la seguí ,bajamos por un sótano, nunca había visto ese lugar, no imagine jamás que ese lugar tuviera un sótano, al descenso, la oscuridad se hacía más oscura, apunto de huir aprovechando el momento, se encendieron las luces, observe un enorme entramado de letreros, de recortes de periódicos viejos, amarillentos, me acerque a la baranda, para ver que había abajo, de inmediato observe un abismo sin fondo, quedé impactado, ahora era el temor por ese sin fin, inicie a correr hacia arriba, entonces resulto que el lugar por el que había ingresado se hacía más lejano, continué corriendo y la puerta de considerable tamaño, se redujo a un punto oscuro a la distancia, Eufemia gritaba hacia arriba, corra hacia arriba, mientras sonreía alegremente, su mirada había cambiado, su voz era más agradable, más tierna, dulce y armoniosa, el arma que lleva se había convertido en una hermosa rosa roja, que ella enarbolaba con mucha alegría, desconcertado, me detuve, ella seguía gritando hacia arriba, hacia arriba. Que significaba ese cambio tan sorprendente en su apariencia, ese lugar tan extraño, hacia donde voy, subo o bajo, llego o me voy, desconcierto total, donde estaba, quien era yo en ese instante y quien era esa tal Eufemia, tan querida en ese instante supremo de total desconcierto…