Ya cae la tarde y lentamente hace su presencia la noche, paso a paso, delicada y seductoramente, oscurece el firmamento, de repente llega el momento de salir, enrumbar hacia el lugar del saber, donde en verdad nos dan diez por ciento de saber, porque el resto es ya nuestra responsabilidad, llegado al lugar mencionado, a recoger algunos papeles, tramite aún no terminado, inició la aventura de ir de un lugar a otro, para por fin dar solución al papeleo, para por fin con toda tranquilidad dar inicio a oír lo tan esperado, que entre ensueños y entusiasmos será recibido, por fin en el lugar de los hechos, pasando distraído, como no es mi costumbre, siempre lo hago así, una voz dice mi nombre, recordada imagen la suya, un saludo no muy afectuoso, una sonrisa, en fin, el apuro me lleva de aquí para haya, cierto, subir al quinto piso es la meta de ese instante, llegado al segundo piso, un gran tipo se hizo presente, sonrisa traviesa, mirada tierna, no subiría solo, estaría muy bien acompañado, preguntas que le haces a alguien que te importa, cómo haz estado, qué tal, que agradable es encontrarte, que desastre, que poco orden, bueno esperamos hacer lo mejor que podamos, llegados al quinto piso, con un poco de agitación, algunas gotas de sudor en la frente, hice mi ingreso triunfal, al acercarme a la bella señorita, entre agitaciones y una sonrisa suya, me dijo, aquí es, pero siéntate, toma un poco de aire, espera unos segundos y por fin solucionó mi problema, bajamos y por un libro llegamos al lugar más importante, hipnotizado observaba el lugar, cuando una mano me quito de mi trance, querida, muy querida tú, sonrisa, besos y abrazos, cuanta alegría, cuanto buen afecto, que bien se siete encontrarte, bromas, carita seria, unas preguntas más y la promesa de algún día volvernos a encontrar.Ya caída la tarde, viento frío, luces amarillas y una imponente luna llena ponían todo un marco espectacular a la mágica noche, tan preciosa, tan misteriosa, impactado por lo recientemente leído, un libro que de a pocos me esta abriendo el horizonte, preguntas mil, qué sé esto, aquello y como sería si fuera así y no de este manera, encuentros muy entrañables con buenos amigos y amigas, cambios inesperados, yo pensando en ella, ella pensando en él, yo pensando en aquella y aquella pensando en él y mientras tanto hay una que piensa en mí, pero yo no pienso en ella, como somos en ocasiones tan miopes para ver lo que esta frente a nuestras narices, una voz llama, una mirada tierna se acerca, sus labios me sonríen, le pone estrellas a este firmamento sin estrellas, sus brazos se abren y con un cariño tal que no puedo describir, se estrecha tiernamente y saluda, del lado opuesto otra sonrisa más ilumina la noche, sus ojos miran mis ojos, abre los brazos y tiernamente me estrecha, las bromas que hace un tiempo no escuchaba, sus sonrisas, combinan perfectamente con la imponente señora de blanco, seguimos el asenso, una, dos, tres y unos escalones más, por fin llegamos a nuestro destino, ingreso y una voz cortante, me recibe con ajos y cebollas, exigiendo cariño, contradictoriamente a lo dicho inicialmente, una mirada bonita me mira, sonríe, tiene toda mi atención y cuando ya pasaba a sentarme, me di con la ingrata sorpresa que no la había saludado, tres pasos atrás y hacia una pirueta, estiro mi cintura y la saludo, ella sonríe y con afecto recibe mi saludo. Comenzó a hablar un hombre grande, es entretenido su dialogo, pero junto a mi compañera, de por medio bromas infaltables, es aún más agradable ese momento, ella comenta estar preocupada, que hay algo, que ya vio, que no sabe; yo contesto lo primero que tienes que hacer es relajarte, sonríe y ánimo, las dos últimas palabras aún están pendientes, pero no se las diré, si no trataremos de que así sea entre todos. Sonó el timbre, salimos a tomar aire, yo despidiéndome, en la puerta un breve diálogo, tratando de describir cambios y recordando travesuras de hace dos semanas.
Entonces llegó el momento de partir, la señora de blanco no me dejo, deje a todos atrás, ella junto a mí iba, caminante camino a tomar el transporte iba, un breve paseo de unos minutos, y llegado al tramo más largo, esperé hasta que llegara mi carruaje reluciente, finalmente hizo su aparición, subido a este y después de un tiempo sin pasar por este trance, apretujado continuábamos la marcha, esta vez nos toco una señorita que con voz ronca y chillona, no muy agradable, anunciaba los lugares, a su voz, bajaban y subían muchos rostros desconocidos, unos más cansados que otros, de estar adelante, puesto a puesto llegue hasta atrás, con la no muy feliz coincidencia, de que cada vez que pasaba un asiento atrás, la persona de delante se levantaba para bajar y a que estaba a su constado inmediato se sentaba, dejándome sin lugar, así fue gran parte de la ruta, yo retrocedía y otros se sentaban… hasta que de adelante, un movimiento de mano me llama, la voz ronca y chillante, se había transformado en una modulada y dulce voz, que al instante me dijo, siéntese joven, usted que desde Javier Prado no se a sentado; al instante yo quede impactado, so sonreí y con un tímido gracias, tome asiento. Ahí mismo me preguntaba, que preguntarle, iniciar un dialogo o es que acaso esa voz solo fue una ilusión, como comprobarlo. Mientras cavilaba, un celar sonó, era el de esta voz tan deslumbrante, que al sonido decía, “amor ahora estoy trabajando, pero en cuanto llegué yo te llamo, nos encontramos donde siempre… un beso”, nuevamente el impacto de su voz me conmovió, era dulce, armoniosa, tibia, tierna, tan de todos, que tal vez a muchos nos gustaría quedarnos dormidos, al compás de esas voces tan queridas, por eso es que este es un homenaje a ella, a esa mujer desconocida, ruda al primer impacto, pero más tierna que la ternura al impacto de su voz de mujer enamorada.